Capitulo 1
Escrito en : Septiembre 19th, 2006 por Calista Greek
Categoria : Keernyex
Comentarios : Sin Comentarios
Extras : permalink

Era la prueba final. Su decisión de entrar a la Fuerza Interestelar había sido cuestionada por todos pues, era la primera Trilex que osaba postular al rango de piloto de una nave de guerra.

Miranda estaba nerviosa. No podía evitar jugar con su cabello azulado mientras intentaba despejar su mente de las miradas inquisitivas de quienes la evaluarían. El simulador estaba listo. Uno de los profesores la llamó adelante; “Miranda Thies” dijo, como si fuera el último llamado de un sentenciado a muerte. La joven Trilex en un rápido movimiento amarró su largo cabello que le llegaba hasta la cintura, y, con una mirada desafiante, como si a través de eso intentara esconder su preocupación, se acercó a su lugar de prueba.

El traje le incomodaba, al igual que el casco virtual que la comunicaba con el simulador. Estaba claro que ninguna mujer había usado esas vestimentas pero era hora de cambiar las cosas, o al menos eso era lo que pretendía hacer. El examen duró solo unos segundos. Tiex superó sin inconvenientes las pruebas impuestas, se podía notar que había nacido para eso, que los años de estudio no habían sido en vano. Para todos era la mejor piloto desde el gran Ken Reym, quien había muerto combatiendo en la guerra de Oifides hacía ya unos mil años atrás.

El haber pasado las pruebas con un sobresaliente la dejó más relajada, pero tenía claro que todavía quedaban muchas cosas por venir después de todo esto. Se dirigió con paso decidido a su módulo dentro de la academia luego de despedirse de sus superiores. El módulo no era muy grande, con un suave movimiento de su mano Miranda activó las luces, estaban débiles, de seguro algún tonto novato había estado jugando con los controles de electricidad de la Academia pero que más daba, estaba ya cansada por todo lo que había ocurrido en su día. Se sacó el molesto traje y se acostó a leer un poco; solía tener siempre cerca historias que le hicieran recordar todo lo que había dejado atrás el día que decidió enrolarse en la fuerza. Sin mucho más que pensar y después de hojear unas cuantas hojas de su libro se quedó dormida pues al día siguiente le asignarían su nueva misión como piloto de guerra.

Al otro extremo de la galaxia, en el planeta Gryemmlei, un lugar donde la tecnología se encontraba a años luz de distancia del resto de los planetas de la Comunidad Interestelar Alhe Drym terminaba de hacer su equipaje pues había sido elegida como científica para participar en el nuevo proyecto de la Comunidad. Alhe era una Nox, había abandonado su planeta a corta edad, debido a su gran inteligencia, para ser inscrita en el Instituto de Inteligencia de Gryemmlei, donde se suponía salían los mejores científicos de la galaxia. Pero no estaba sola en aquel lugar y eso al menos a la joven pelirroja. Thelan Drym, su hermano, ya llevaba unos años como profesor ahí como ingeniero experto en sistemas virtuales, pero en realidad le cansaba tener que aguantar las niñerias de los alumnos recién llegados que muchas veces no sobrepasaban los 10 años de edad, por eso había aceptado la misión de ser el ingeniero en jefe de la nueva nave Keernyex que viajaría a lugares desconocidos de la galaxia.

Alhe se encontraba algo extrañada de que la hubiesen asignado al mismo lugar que su hermano, es que eran tan diferentes, no tan solo en su aspecto, pues Thelan tenia el aspecto de un humano aunque guardaba la seriedad típica de los de la raza de su madre, y ella, el de una Nox: pelo rojo, ojos negros, y pequeñas marcas rojas en sus manos, pero que más se podía esperar si su madre se había casado con un humano a quien había conocido en el Centro diplomático de la Comunidad.

Esa mañana ambos fueron llamados por el director del Instituto quien les explicó que debían partir lo antes posible rumbo a Oifides donde abordarían la nave que los llevaría a su misión. Como física cuántica la joven Drym no entendía para que la requerían, pues era sabido que su especialidad no era utilizada para nada en las nuevas naves de la Comunidad. Aún así se acercó a su hermano y le preguntó cuando sería el mejor momento para partir, claro que no sabía que sería tan pronto y menos que las cosas resultarían del modo en que sucedieron.

Capitulo 21
Escrito en : Septiembre 18th, 2006 por Calista Greek
Categoria : Aventuras en Hogwarts
Comentarios : Sin Comentarios
Extras : permalink

La verdad es que la fiesta estaba resultando mejor de lo que Revann esperaba. Por fin podía disfrutar de la compañia de Fred sin estar a escondidas del resto de sus compañeros de Slytherin, pero que más daba, ella nunca le había tenido que dar explicaciones a nadie, y en ese momento se sentia la mujer mas bonita del mundo, claro que Fred no paraba de repetirselo con tiernos susurros en su oido. Pero Revann estaba algo inquieta, todos los estudiantes habían sido presentados menos Lena, donde se habria metido?

Al otro lado del castillo, en la sala común de Hufflepuff, Lena no paraba de sentirse inquieta por la situacion de ir al baile con Viktor, sentia que no era lo correcto, que algo saldria mal si ella aparecia en el baile, pero al parecer no era la unica que se sentia incomoda con toda la situacion porque mientras sollozaba timidamente sentada en el sillon frente a la chimenea escuchó que alguien entraba a la sala.

- Lena?! que haces aqui? - pregunto ni mas ni menos que Cedric, quien al parecer habia olvidado una cosa en su habitacion - Por que no estas en el baile? Crei que estabas con Krum?
- Este… no - le dijo como intentando buscar una explicacion logica para no preocupar a nadie - me retrase porque mis padres querian hablarme desde Rumania…
- No que tus padres estaban en Egipto?

Al notar que su cohartada habia sido descubierta Lena se levanto rapidamente y salio corriendo de la sala. En el gran salon Viktor Krum se encontraba conversando, con cierta preocupacion, con Fred y Revann sobre la desaparicion extraña de Lena. En eso una joven con el cabello suelto y lleno de pequeñas flores y un vestido en tonos azules y morados bajo corriendo las escaleras y cruzo raudamente el salon dirigiendose al balcon. Revann noto inmediatamente de que se trataba, al igual que lo pudo notar Fred al ver la mirada complice de Revann, asi que decidio alejar un poco a Krum y entretenerlo con una conversacion de quidditch.

Revann se acerco a Lena y le toco el hombro, ella solo se dio vuelta y pudo ver el maquillaje corrido en su rostro y la cara de tristeza que la embargaba.

- Que sucede Lena?
- Yo…No…Quiero… - dijo entre suspiros
- Que no quieres que?
- No lo se!
- Que ha pasado? Te dijo algo Cedric?

Revann escucho atentamente la historia de Lena sobre sus razones para no ir a la fiesta, y tambien le conto el miedo que tenia sobre el haber vuelto a ver a Viktor, y de todo lo que sentia por Cedric, pero que el estaba con Cho, en si eran tantas cosas que tenia que contar que prefirio no arruinarle el baile a su amiga. Revann la disculpo con Viktor diciendole que se encontraba indispuesta y la llevo a su sala comun. La dejo recostada en su cama y le dio una taza de te verde para calmarle un poco los nervios. Lena se sentia fatal, le habia arruinado la fiesta a su amiga y eso no se lo perdonaria nunca, por suerte al dia siguiente eran las vacaciones y podria invitarla unos dias a casa de sus padres para compensar el mal momento.

Despues de que Lena se durmio Revann volvio a la fiesta. Fred la esperaba a las afueras del salon, queria invitarla a dar un paseo bajo la luz de la luna, era una pequeña sorpresa que le tenia preparada. Revann acepto encantada, caminar bajo el cielo estrellado le encantaba desde pequeña aunque era la primera vez que no iba sola.

La noche paso rapido y llego la hora de despedirse por unos dias. Fred sabia que Revann se quedaria en el castillo o tal vez viajara a casa, pero el debia ir a su hogar pues su madre no le permitiria quedarse alli en vacaciones, y menos para Navidad, asi que, cuando el sol comenzo a salir por el horizonte, le dio un tierno beso a Revann para despedirse por aquella semana que se venia y que le parecia eterna.

El hilo de la telaraña
Escrito en : Mayo 19th, 2006 por Calista Greek
Categoria : Cuentos
Comentarios : Sin Comentarios
Extras : permalink

Buenos días señorita. Ando buscando a un hombre .Tendrá ya sus sesenta años, tiene un inconfundible tatuaje de la virgen María en su brazo izquierdo.Se lo hizo hace cuarenta años, cuando éramos novios, hoy no somos nada, pero alguna vez lo fuimos. Lo ando buscando porque le tengo que dar un recado. ¿Cuál sería?. Bueno, es más bien personal. Se trata del pasado, de nuestro pasado, del que tejimos como quien teje una telaraña, y deshicimos para ser más felices, por lo menos eso creímos. Entonces, yo no lo amaba; buscaba una persona de la que pudiera aprender, que fuera educado, todo un caballero, o tal vez un pedestal para ascender socialmente, la cosa es que fuera una persona que me dijera algo mejor que “tenis las mejores piernas de toda la isla”.

No sé si fue por ambición, o sólo por querer la independencia, pero partí a la capital, pensaba que mi lugar estaba en el gran Santiago, estudiando arte, rama de la cual no tenía mucha información, pero era emprendedora, y en realidad lo único que hacía bien era dibujar.

De ignorante no más me pasó, como la mayoría de las provincianas que se vienen a Santiago, terminé en los “bajos cafés” del comercio sexual, por ahí donde “El varón rojo”. Yo era huasa, tenía diecisiete no más, media tímida pa´l trabajo me decían las otras chiquillas, pero a los clientes, sobre todo a los “gringos”, les encantaba eso de que fuera media pollito pa’ mis “custiones”.

En mis ratos libres trataba de estudiar, la vida no era tan fácil como me la había pintado, también leía mucho, aunque la patrona me retara por espantar la clientela, me retaba por querer aprender, pero yo leía cuando todas dormían, y al final, entre tanto libro y estudio, dormía como cuatro horas diarias. Yo tenía un cliente, Don José Emiliano Ortega Sánchez, embajador de México en Chile. Siempre me regalaba libros, para que me culturizara, yo los compraba usados, pero Don José me los daba nuevos. Este caballero me tenía re harto cariño, incluso, en algunos meses, en que no me iba tan bien, me pagaba las clases de arte en el instituto, de a poco me fue tomando cariño el Don, hasta un día me pidió matrimonio, me dijo que tenía que irse a otro país y que me quería llevar con él. Al principio me extrañé harto, pero cuando caché que era en serio le dije que bueno. No lo quería, pero tenía plata, la suficiente para borrar mi pasado, y además el me quería de verdad, y me trataba como una dama, aunque no lo fuera.

Luego del matrimonio nos fuimos a Brasil. En un comienzo no hacía nada, me sentía incómoda; no entendía el idioma, el José trabajaba todo el día y yo me la pasaba encerrada en el departamento, hasta que logré aprender algo del idioma y justo cuando comencé a buscar trabajo, cuando estaba mejor, nos tuvimos que ir a Cuba, allá donde está la revolución del señor Castro.

Mis años en Cuba fueron bastante agradables, estuve como veinte años, y siete en Brasil. En Cuba viví como una aristócrata, logré terminar mis estudios y desarrollar algunas especialidades al respecto, aprendí mucho de la vida, de ser una mujer de sociedad, de modales, de educación. Pronto me transformé en la compañía favorita del señor Castro, quien me instruyó acerca de la política, me presentó a tantas personas famosas, incluso a grandes escritores que me autografiaron un par de libros. Mi marido seguía trabajando mucho, pero salíamos en las noches, aún no conseguía quererlo siquiera, pero ya no me aburría.

Posteriormente nos embarcamos rumbo a México, patria del José, donde permanecí como ocho o nueve años. Durante este tiempo nos pegábamos unos viajecitos a distintos países de América, pero dejamos de viajar porque José ya no es taba en edad para tanto viaje y por esto mismo, sin contar el cáncer pulmonar que contrajo por haber fumado tantos habanos en Cuba, decidió retirarse de la diplomacia. Yo, por mi parte, quise devolver a mi marido todo lo que siempre me dio, y me quedé cuidándolo en casa.

Un día el José quiso que saliéramos a caminar, me pidió que lo llevara a la plaza Pancho Villa y no dijo nada más. Cuando llegamos él me habló dulcemente, y cada palabra de amor que me decía me hacía recordar a mi amado de Chiloé, ningún día, desde que me separé de él, he podido olvidarlo. Después de todo lo que me dijo, me besó las manos, se acercó a la estatua de Pancho Villa, y murió donde siempre lo había soñado; “A los pies del libertador”.

Estaba triste, él había sido tan amable con migo, me trataba como una rosa cuando era puta, y como un jardín entero desde que me hice su mujer. Se enamoró de mi pelo negro, mis ojos carbón y mi lectura silenciosa. Me ofreció todo el mundo si yo lo quería, y lo quise, después de todos estos años lo quise, quise el mundo y lo quise a él, pero no pude amarlo, nunca le entregué el amor y el hijo que anhelaba.

Después de haber vivido tanto, de abrazar la cintura perfecta de mi continente, de guardar en una copa la catarata del Iguazú, de haber bailado la samba del Carnaval de Rio, de haber cubrido el imperio Inca, la rumba, el mambo y la salsa de Cuba. Después de todo eso me encontraba totalmente perdida, así que lo vendí todo, hasta el último alfiler que me dejó, y compré un pasaje en avión “sin regreso” y el resto lo doné a la caridad.

De vuelta en Chile, mi patria, mi origen, mi país sub-desarrollado, lo que se les antoje, pero puta que lo quiero, no sé porqué, mucho no me ayudó a surgir, pero como muchos dicen “la sangre tira”.

Bueno, ahora conseguí trabajo como profesora de Arte, además preparo mi exposición autobiográfica, que consiste en una recopilación de pinturas y retratos que confeccioné durante mi ausencia en Chile, creo que la llamaré “pétalos de una historia”.

¿Qué?, ¿Qué por qué estoy aquí?, bueno, viajé a la isla, ahí me dijeron que se había venido a trabajar de marino a Valparaíso, para poder buscarme en cada puerto del mundo. Luego lo ascendieron, se vino a una oficina, donde no lo pude encontrar, y compró un simpático departamentito en este edificio, el cual decoró como si fuera un navío.
Ah, usted busca al caballero marino, el del cabello blanco, lamento decirle que ya no vive aquí señora, y no creo que lo pueda encontrar, pues no dejó rastro alguno, sólo este sobre, el que ha permanecido intacto desde que se fue, unos cuatro años atrás, nadie se interesó en reclamarlo, es para una tal Esperanza…

- ¡Esperanza Perdida, esa soy yo!, ¿me permite?
- Claro señora, la verdad, si no es mucha mi imprudencia, me gustaría saber el desenlace de esta historia que me conmovió tanto como una novela de amor triste, como la de Romeo y Julieta.
Yo no lo habría dicho mejor. En esta carta él me dice adiós, cuenta que me esperó tantos días de sol radiante como noches de luna eléctrica, que ya perdió la cuenta y me besó en cada uno de sus sueños todo este tiempo. Se fue a navegar en su barcaza y esperar el día de su muerte. Dice que me ama, pero ya perdió la esperanza; la esperanza de encontrarme y la Esperanza como mujer.
Con esta carta se fue el amor, ahora podré decir que nunca en mi vida estuve con el amor, porque llegué tarde a mi cita con él, y éste me abandonó, rompió la telaraña que tejimos los dos cortando ese hilo diminuto que nos había unido por tanto tiempo, sin que pudiera dar mi recado a Sueño, porque Sueño era su nombre e Imposible su apellido y mi recado tardío consistía tan sólo en decir “te amo, te amé siempre y nunca fui capaz de decirlo”. Pero hoy reuní las agallas suficientes para hablarte, cuando te busqué ya te habías esfumado de mi vida como el humo que sale de mi cigarrillo.

A veces perdemos por perder, pero es mejor mirar al cielo, llorar las perras penas junto a una botella y dormirse temprano para olvidar el ayer. A veces perdemos por perder, o porque más bien quisimos perder, porque se nos pasó el tiempo, la vida, sin tregua alguna. Sentarnos bajo un árbol llenarnos la boca de sandía , de besos, y de amor. Y si no estás, nos llenaremos de recuerdos, de días de lluvia, de atardeceres.

Sobre la página

Página principal : Inicio

Descripción : El cuento llega y se marcha por la noche, llevándose debajo de las alas la rara zozobra de los niños. A escondidas, pegándose al frío y a las cunetas, va huyendo. A veces pícaro, o inocente, o cruel. O alegre, o triste. Siempre, robando una nostalgia, con su viejo corazón de vagabundo.

Ana María Matute

Mail: Si quieres colaborar escríbenos a...

Calendario
Agosto 2008
L M M J V S D
« Sep    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031
El bibliotecario
Categorias

Archivos
Buscar